Recuerdo una historia que alguien me contó alguna vez.
Un hombre nace heredero de una enorme fortuna. Bello, seductor, es bueno para los deportes. Se dedica a vivir al límite. Se casa varias veces con mujeres hermosas pero una y otra vez las engaña. Sus matrimonios se destruyen, uno tras otro. Malgasta su fortuna, contrae deudas, se ve envuelto en estafas. Se enterga a la bebida y al juego. Un dia se descubre a sí mismo solo y desdichado y resuelve matarse. Cuando está por saltar al vacío, Dios le habla: “¿Qué pasa contigo? Eres un desperdicio. Te he dado todo y todo lo has malgastado. Es una vergüenza. Empezarás de nuevo, pero esta vez harás las cosas bien.”
El hombre vuelve a la vida pero esta vez se muestra ahorrativo y prudente, gana mucho dinero pero se cuida muy bien de gastarlo. Evita rodearse de personas que puedan llevarlo por el mal camino. Se muestra cauto en el amor y no deja que nada lo aleje del orden que se ha impuesto. Nunca comete un error, nunca hace nada mal. Pero llega un dia en que descubre que está tan solo y desdichado como la vez anterior, … o aún mas. Cuando está por saltar al vacío oye la voz de Dios nuevamente: “Salta”, le dice Dios. “No hay nada que hacer contigo. Eres un idiota!”
(fragmento de carta de Eugenio Cuevas a su amigo Derek Cassidy, Historias Extraordinarias)
Escrito por todocopiado
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