Historias mínimas orientales

24 / 03 / 2008

“(…) No es la ópera lo que importa.
Ahora veo que los que se quieren
no deberían enmascarar sus verdaderos
sentimientos el uno al otro.”
Ken-ichi Takata

Un largo y doloroso camino

Un largo y doloroso camino

La gauchesca hecha superstición

22 / 03 / 2008

El árbol es básico en la historia del Gauchito Gil. Antonio Mamerto Gil Núñez era un mestizo nacido aquí, en Mercedes, a mediados del siglo XIX. Dicen que, muy jóven, Antonio Gil se enamoró de una viuda que pretendía también un comisario. Que se enfrentaron en una pulpería y que Gil, vencedor, le perdonó la vida: que ése fue su error. Desde entonces, dicen, el comisario lo persiguió sin pausa -y el gaucho Antonio Gil tuvo que huir de la comarca. A lo Fierro, lo conchabó el ejército argentino y lo llevó a pelear la guerra contra el Paraguay. Cuando la guerra se acabó, un militar celeste -liberal- lo mantuvo en sus filas, pero el Gaucho era rojo -federal- y desertó a lo Fierro. Con un par de compañeros -un criollo y un mestizo- formó una banda que erraba por Corrientes. Robaba, dicen, ganado, pero lo compartía con los pobres. Hasta que una partida militar lo encontró dormido -es mejor que el héroe no se rinda- y lo detuvo; era el 8 de Enero de 1878, tiempos de Avellaneda. Los soldados lo ataron de los pies y lo colgaron cabeza abajo -clásica posición de media res- del algarrobo que todavía está acá, lleno de chapas. Estaban por matarlo y le dijeron que lo iban a dejar tirado ahí, pasto para caranchos. Antonio Gil quiso intentar una venganza póstuma:
-Si no me enterrás, cuando vuelvas a tu casa te vas a encontrar a tu hijo muy enfermo, pero si mi sangre llega a Dios, juro que volveré en favores para mi pueblo.
Le dijo al sargento que lo enfrentaba con el sable en la mano. Los sargentos -de Cruz al correntino- son importantes en la estructura de estos cuentos: son el eslabón más bajo, más accesible del poder. El sargento le rebanó el gañote y se olvidó; el capitán se llevó a Goya su cabeza. Dicen que días más tarde, cuando volvió a su casa, el sargento encontró a su esposa desesperada porque su único hijo agonizaba. Entonces el sargento recordó, volvió al lugar, enterró el cuerpo de Gil, le hizo una cruz de ñandubay y le rogó por la vida de su hijo. Al otro día, cuando volvió, el chico ya se había curado. La noticia corrió; de a poco, otros paisanos se acercaron a pedirle favores. Él, dicen, los cumplía.

-Lo que pasa es que el Gauchito cumple, es muy cumplidor. Y además le podés pedir lo que quieras, si querés también le podés pedir cosas malas.
La amplitud es central: a un santo cristiano sólo se le pueden pedir acciones respetables. Al Gauchito, en principio, cualquier cosa. Aunque, últimamente, están tratando de civilizarlo.

El Gaucho Antonio Gil tiene el pelo negro y largo, camisa azul, su pañuelito rojo al cuello. El rojo es su color: el rojo puede ser la sangre derramada y puede ser, también, la enseña federal que llevó al Interior a la derrota. Antonio Gil es el Interior hecho creencia. Antonio Gil es la gauchesca hecha superstición.

Martín Caparrós, El interior


El camino de San Diego

22 / 03 / 2008

El camino de San Diego